Tras el genocidio, el gobierno entrante se centró en la reconstrucción del país. Ello implicaba la reconciliación entre la población, con una abrumadora mayoría hutu. Con centenares de miles de personas presas, el gobierno recuperó las gacaca, tribunales populares tradicionales basados en la verdad y el perdón.
En las gacaca -palabra que significa justicia sobre la hierba-, todo la comunidad participaba del juicio y los miembros del tribunal no habían estudiado derecho sino que habían sido elegidas por las comunidades por su integridad moral. Era un sistema pensado para, a la vez que imponía penas, trajera unidad y cohesión social y en el que, si las personas encausadas asumían sus crímenes y pedían perdón públicamente, conseguían importantes rebajas en sus penas.
Este controvertido método -no exento de críticas de abusos y arbitrariedades- permitió agilizar los procesos judiciales y salir de la situación de excepcionalidad mientras un
tribunal internacional con sede en Tanzania se ocupaba de los (pocos) ideólogos y dirigentes del genocidio arrestados.